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Cultura. Política. Ciencia. Con humor. Por Felipe Larrea // Contacto: felipelarrea2@gmail.com

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La izquierda se revuelve como gatopardo panza arriba

Gracias a Bankia retomo la fea costumbre de hablar de política. No es el primer ni el segundo banco que se nacionaliza, por eso me sorprende que pensemos que la izquierda está a punto de morir (yo mismo he sostenido esta idea varias veces) cuando la realidad es que si muere va a ser de éxito. Han conseguido convertir a su credo a toda la sociedad, la derecha incluida. Obsérvese que actualmente la derecha en España es una señora extranjera, Angela Merkel, que básicamente se dedica a decirnos lo que tenemos que hacer ante nuestra manifiesta incapacidad para asumir nuestras responsabilidades. Nada de lo que dice es especialmente neoliberal, sencillamente nos observa con la paciencia con que se vigila a un niño de tres años para que no se caiga por las escaleras o se estampe contra una pared. Aún así le hacemos el caso justo y seguimos aplicando nuestro efectivo programa anticrisis de tres puntos:

1) Quemar contenedores.
2) Aumentar ilimitadamente el tamaño del Estado (pese a que vivimos en un planeta con recursos limitados).
3) Transformar la banca en otro chiringuito público.

El primer punto recibe críticas ocasionales, no porque se altere el orden democrático, sino porque quemar cosas contamina, pero como el fin siempre justifica los medios seguro que la pachamama puede soportarlo a cambio de alcanzar el fin superior de acojonar a los esbirros del capital.

El segundo punto es un parafraseo con la principal idea del documental Comprar, tirar, comprar, una de las biblias del pensamiento contemporáneo, que sostiene con buen criterio que nuestro modelo económico no se puede basar en el crecimiento ilimitado si el planeta es un lugar con recursos limitados. Pero esto solo es aplicable al mercado, no al Estado. El siguiente gráfico, visto en Barcepundit, demuestra que los terribles recortes que supuestamente estamos sufriendo no son más que el estancamiento en el crecimiento del Estado. Teniendo en cuenta todos los niveles administrativos, el Estado gasta el mismo dinero que en 2009. Qué duro, ¿no? Entre eso o que la peste negra liquide a un tercio de la población, como pasó en la Edad Media, o que mueran 70 millones de personas, como en la 2ª Guerra Mundial, lo más sensato es pensar que lo de ahora es el apocalipsis. 


Otra de las teorías del ilustre documental, ya universalmente aceptada, es que son las multinacionales las que nos obligan a cambiar de ropa y ordenador cada año. Los ciudadanos no tenemos ni voz ni voto en todo ello. Yo de hecho conozco a mogollón de gente que se muere de ganas de vestir durante 30 años con la misma ropa o de pagar 300€ por una impresora pudiendo pagar 80. ¿He dicho mogollón de gente? Perdón, quería decir nadie.

Por último está lo de nacionalizar la banca. En esta cuestión hay cierta esquizofrenia, porque unas veces se pide que el Estado asuma también la función de la banca, pero cuando por fin lo hace se le recrimina que gaste dinero en los bancos. ¿Por qué resultarán tan antipáticos los banqueros cuando lo único que piden es el mismo tratamiento que el españolito de a pie? Quieren que el Estado les saque las castañas del fuego y se coma el marrón cuando les va mal, como quieren todos y cada uno de los demás ciudadanos. Así las cosas, que alguien me explique la diferencia entre José Ignacio Goirigolzarri y Cándido Méndez. Los dos han sacado petróleo de un sistema diseñado para ensalzar al pícaro.

Por tanto, que se diga que la izquierda va a desaparecer en el fondo no tiene ningún sentido, porque en su condición de nueva aristocracia ya ha asimilado como nadie las tácticas gatopardistas para cambiarlo todo para que todo siga igual, incluso cuando eso implique que el PSOE desaparezca.