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Cultura. Política. Ciencia. Con humor. Por Felipe Larrea // Contacto: felipelarrea2@gmail.com

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Anuncia Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, la construcción de 800 aeropuertos. 12 de los 20 mayores del país están saturados y ella quiere cortar por lo sano, matando moscas a cañonazos si hace falta. “Banda de nenas, esos españoles” debe pensar, cuando nosotros tenemos 49 aeropuertos para 50 provincias, uno por cada 963.000 habitantes. Solo 10 de ellos registraron beneficios en 2011, pero sirven al bien común y no voy a ser yo el banal que desprecie un objetivo tan elevado.
Con la propuesta de Rousseff, el gigante sudamericano tendría un aeropuerto por cada 242.000 habitantes, o como ella comenta, uno en cada ciudad de más de 100.000 habitantes. Geografías y realidades diferentes, cabrá opinar. Para sus adentros, la presidenta soñará con masas encandiladas y allegados con el estómago lleno. Y si su ocurrencia lleva al país a arrastrarse por el fango dentro de unos años, ya se comerá otro el marrón. Antes del desastre, nadie en Brasil se preguntará qué hay de raro en tener las mejores comunicaciones aéreas del mundo.
(Nota sin venir a cuento: Le he dado vueltas a la cita que publiqué ayer sobre los dos tipos de periodista de Henning Mankell, y añadiría que el verdadero problema es que muchas veces son la misma persona)

Anuncia Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, la construcción de 800 aeropuertos. 12 de los 20 mayores del país están saturados y ella quiere cortar por lo sano, matando moscas a cañonazos si hace falta. “Banda de nenas, esos españoles” debe pensar, cuando nosotros tenemos 49 aeropuertos para 50 provincias, uno por cada 963.000 habitantes. Solo 10 de ellos registraron beneficios en 2011, pero sirven al bien común y no voy a ser yo el banal que desprecie un objetivo tan elevado.

Con la propuesta de Rousseff, el gigante sudamericano tendría un aeropuerto por cada 242.000 habitantes, o como ella comenta, uno en cada ciudad de más de 100.000 habitantes. Geografías y realidades diferentes, cabrá opinar. Para sus adentros, la presidenta soñará con masas encandiladas y allegados con el estómago lleno. Y si su ocurrencia lleva al país a arrastrarse por el fango dentro de unos años, ya se comerá otro el marrón. Antes del desastre, nadie en Brasil se preguntará qué hay de raro en tener las mejores comunicaciones aéreas del mundo.

(Nota sin venir a cuento: Le he dado vueltas a la cita que publiqué ayer sobre los dos tipos de periodista de Henning Mankell, y añadiría que el verdadero problema es que muchas veces son la misma persona)

6 notas

  1. grandezasdapatria ha reblogueado esto desde enbandejadeplata
  2. enbandejadeplata ha publicado esto