Lourdes Hernández, más conocida como Russian Red, publicó el miércoles el tuit que aparece arriba. Ha provocado la previsible ola de mala baba tuitera ya característica en este país. No anduvo muy fina (¿estaba animando a las feas a volverse anoréxicas?), pero a estas alturas debería saber que en este país hay mucha gente que le tiene muchas ganas por esto, y todavía peor, por haber logrado un hito histórico, el de haber publicado el primer disco de indie español realmente bueno (Fuerteventura, 2011). Tan bueno era, que incluso las canciones de relleno sonaban así de bien.
Como si nuestra protagonista no supiera lo que le pasa en España a quienes destacan. Los cuchillos están más afilados cuando hablamos de unos círculos, los del indie español, en los que se desprecia a quien sabe cantar y/o tocar y no se perdona la ambición. De todos modos, si nos ponemos estrictos, indie es una etiqueta que se refiere al tipo de compañía que publica el disco y a las previsibles escasas ventas de este, por lo tanto Russian Red es puro mainstream, por publicar con Sony y haber logrado el disco de oro.
Siempre me ha parecido un criterio muy discutible ese de etiquetar la música según baremos comerciales, porque me da igual que un disco venda 10 copias que 10 millones. Por eso es irónico que aquellos que dicen preocuparse por la integridad del arte y todos esos conceptos tan elevados sean los que utilicen esa clasificación tan industrial. En los años que llevo escuchando música he observado que la calidad encuentra habitualmente algún tipo de respuesta comercial favorable, pero eso es independiente de que personas sin criterio utilicen el baremo de las ventas para decidir si algo es bueno, tanto cuando son elevadas como cuando son inexistentes. Hablando en plata, en un extremo estaría ese fan, habitualmente gritón, que presume de que su artista preferido llena estadios y decora el baño con discos de platino, y en el otro extremo estaría ese otro fan, no menos gritón, que compra hasta las caras b (en vinilo) de un desconocido saxofonista yonqui, solo porque no le conocen ni en su casa y una vez atizó con el saxo a un jefecillo de la discográfica.
Así que mejor etiquetar por género musical, por la sustancia, porque indie y alternativo no definen nada significativo, y si definen algo, es algo malo. De hecho, qué quieren que les diga, si mi postura ideológica fuera más estatalista abogaría por prohibir el indie en España.
