En bandeja de plata

Cultura. Política. Ciencia. Con humor. Por Felipe Larrea // Contacto: felipelarrea2@gmail.com

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Hay una escena de Nixon (Oliver Stone, 1996) que se ha vuelto recurrente cada vez que pienso en la política española. En ella, un Richard Nixon despreciado por la opinión pública y arrinconado por el Watergate contempla el cuadro superior y dice: “Cuando te miran a ti, ven lo que quieren ser. Cuando me miran a mí, ven lo que son”.
Por eso, cuando veo videoclips como este del director Romain Gavras (hijo de Costa-Gavras) para Kanye West o este otro para la canción Ill Manors de Plan B, ambos consagrados a legitimar la violencia de la masa enfurecida contra la policía y la democracia, veo que el problema es que el pueblo percibe que sus dirigentes son como ellos, no más morales o mejor preparados, sino sencillamente iguales que ellos, y de ahí la furia. Porque democracia es el gobierno del pueblo a través de los mejores mientras lo de ahora se parece más a una oclocracia, ese sistema político basado en convencer al tonto de que no lo es. De tanto igualar por abajo, hemos acabado recibiendo la recompensa merecida: tenemos exactamente los políticos que nos merecemos. O díganme qué se merece sino un país en el que políticos como estos reciben 11 millones de votos, y los que les antecedieron en el Gobierno, indistinguibles de los actuales, otros 7 millones.
(Imagen de Kennedy vista aquí)

Hay una escena de Nixon (Oliver Stone, 1996) que se ha vuelto recurrente cada vez que pienso en la política española. En ella, un Richard Nixon despreciado por la opinión pública y arrinconado por el Watergate contempla el cuadro superior y dice: “Cuando te miran a ti, ven lo que quieren ser. Cuando me miran a mí, ven lo que son”.

Por eso, cuando veo videoclips como este del director Romain Gavras (hijo de Costa-Gavras) para Kanye West o este otro para la canción Ill Manors de Plan B, ambos consagrados a legitimar la violencia de la masa enfurecida contra la policía y la democracia, veo que el problema es que el pueblo percibe que sus dirigentes son como ellos, no más morales o mejor preparados, sino sencillamente iguales que ellos, y de ahí la furia. Porque democracia es el gobierno del pueblo a través de los mejores mientras lo de ahora se parece más a una oclocracia, ese sistema político basado en convencer al tonto de que no lo es. De tanto igualar por abajo, hemos acabado recibiendo la recompensa merecida: tenemos exactamente los políticos que nos merecemos. O díganme qué se merece sino un país en el que políticos como estos reciben 11 millones de votos, y los que les antecedieron en el Gobierno, indistinguibles de los actuales, otros 7 millones.

(Imagen de Kennedy vista aquí)

2 notas

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