Me gusta el deporte por lo mismo que me gusta Solo ante el peligro (Fred Zinnemann, 1952), porque no hay espacio para post-moderneces ni relativismos, solo para la épica y para gente superándose y cumpliendo con su deber.
Me gusta el deporte por lo mismo que me gusta Solo ante el peligro (Fred Zinnemann, 1952), porque no hay espacio para post-moderneces ni relativismos, solo para la épica y para gente superándose y cumpliendo con su deber.