En bandeja de plata

Porque la cultura y la política siempre van de la mano. Por Felipe Larrea, aficionado al cine y la música entre otras muchas cosas.

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Es una de las noticias del día en la prensa local de Vitoria, la definitiva integración de los inmigrantes en los usos y costumbres sociales españoles. ¿Hay algo más nuestro que el comportamiento del tal Mohamed? Lo único que pide el pobre chaval es que el Ejército se adapte a sus costumbres y no al revés, que para eso pertenece a una minoría socialmente discriminada. No me lo acusen de caradura: le hemos ofrecido el brazo y él ha cogido el brazo. Por otra parte, ¿hay algo más español que convertir el último chascarrillo del cuartelillo en noticia de prensa seria?
Además, si la ordenanza pertinente dice que se debe garantizar sus derechos, el tipo tiene toda la razón en exigir su cumplimiento. Otra cosa es que esa misma ordenanza sea una muestra sonrojante de lo que aquí se entiende por derechos sociales. Tampoco se queda atrás la foto con el protagonista en dramático contraluz, un adecuado ejemplo gráfico de hipersensibilidad acorde con la gravedad de la noticia. Por cierto, ¿por qué en esta noticia se puede subrayar la religión del sujeto y en las de violaciones y robos no?
Termino con una anécdota de mi estancia en Londres, donde trabajaba mano a mano con musulmanes, negros, indios y otros grupos culturales, étnicos y religiosos. Había buen ambiente, hice alguna buena amistad y no me llamaban “blanquito”, lo cual, francamente, me hubiera importado un pimiento, pero un día hablando con dos compañeras musulmanas salió el tema de nuestras creencias religiosas. Yo les dije que no tenía ninguna y la pareja se me quedó mirando como si fuera el mismísimo Belcebú. Ingenuo de mí, no estaba al tanto de la jerarquía que maneja esta gente con las religiones:
Musulmanes > cristianos > judíos > ratas > agnósticos y ateos.
Si al segundo escalafón ya lo quieren matar, imagínense al último. Por suerte, la cosa no pasó a mayores.
Es una de las noticias del día en la prensa local de Vitoria, la definitiva integración de los inmigrantes en los usos y costumbres sociales españoles. ¿Hay algo más nuestro que el comportamiento del tal Mohamed? Lo único que pide el pobre chaval es que el Ejército se adapte a sus costumbres y no al revés, que para eso pertenece a una minoría socialmente discriminada. No me lo acusen de caradura: le hemos ofrecido el brazo y él ha cogido el brazo. Por otra parte, ¿hay algo más español que convertir el último chascarrillo del cuartelillo en noticia de prensa seria?

Además, si la ordenanza pertinente dice que se debe garantizar sus derechos, el tipo tiene toda la razón en exigir su cumplimiento. Otra cosa es que esa misma ordenanza sea una muestra sonrojante de lo que aquí se entiende por derechos sociales. Tampoco se queda atrás la foto con el protagonista en dramático contraluz, un adecuado ejemplo gráfico de hipersensibilidad acorde con la gravedad de la noticia. Por cierto, ¿por qué en esta noticia se puede subrayar la religión del sujeto y en las de violaciones y robos no?

Termino con una anécdota de mi estancia en Londres, donde trabajaba mano a mano con musulmanes, negros, indios y otros grupos culturales, étnicos y religiosos. Había buen ambiente, hice alguna buena amistad y no me llamaban “blanquito”, lo cual, francamente, me hubiera importado un pimiento, pero un día hablando con dos compañeras musulmanas salió el tema de nuestras creencias religiosas. Yo les dije que no tenía ninguna y la pareja se me quedó mirando como si fuera el mismísimo Belcebú. Ingenuo de mí, no estaba al tanto de la jerarquía que maneja esta gente con las religiones:

Musulmanes > cristianos > judíos > ratas > agnósticos y ateos.

Si al segundo escalafón ya lo quieren matar, imagínense al último. Por suerte, la cosa no pasó a mayores.